Autism Research Review International, 1994, Vol. 8. No 3, pg 3.
Intervención Comportamental Temprana Intensiva: Una carta de apoyo
(Intensive early behavioral intervention: a letter of support)
Bernard Rimland, Ph D.
Autism Research Institute
4182 Adams Avenue
San Diego, CA 92116
"Somos los padres de un niño(a) autista de tres anos. Después de leer Let me hear your voice (Déjame oir tu voz) y de hablar con otros padres que han ensayado la intervención temprana del comportamiento, estamos ansiosos de inscribir a nuestro niño en un programa de intervención comportamental temprana. Los funcionarios escolares se han mostrado escépticos y reticentes. ¿Quisiera Ud. Escribir una carta de apoyo, para ayudarnos a obtener este tipo de tratamiento para nuestro niño(a)?"
Después de haber respondido individualmente a las primeras docenas de este tipo de peticiones, escribí una carta de apoyo genérica que empezaba "A quien pueda interesar", la cuál ha sido enviada a familias que han llamado, escrito, o enviado faxes pidiendo ayuda en todos los EE. UU. y Canadá, y recientemente hasta en Australia. Dado que hay otras familias que también se pudieran favorecer con esta carta, aquí la incluyo, mi carta de apoyo.
A quien pueda interesar:
Como Psicólogo con más de treinta años de experiencia en la investigación en el campo del autismo, y como editor de Autism Research Review International, quiero ratificar vehementemente la utilidad de la intervención comportamental temprana intensiva como modalidad - la cuál realmente es la modalidad disponible más importante - hacia el logro de progresos en la mayoría de niños autistas. Mi soporte a la utilidad de la intervención temprana intensiva del comportamiento se basa en dos tipos de evidencia:
Investigación: No hay duda de que los resultados de la investigación apoyan fuertemente el valor de la intervención comportamental temprana en el autismo. El primer studio, publicado en 1985 por Fenske et al., del Instituto del Desarrollo Infantil de Princeton, (PCDI) publicado en Annals of Intervention in Developmental Disabilities (Vol 5, páginas 489-56) reportó que el 60% de los niños autistas inscritos en el programa antes de los 5 años, había mejorado lo suficiente como para haber logrado una inmersión exitosa (no solamente una "inclusión") en el medio.
El studio PCDI atrajo poca atención.. El crecimiento del actual interés por los programas de intervención temprana intensiva del comportamiento se debe más a la publicación de un experimento en ambiente controlado. En este estudio se comparó el desempeño de 19 niños que participaron en un programa de intervención intensiva, respecto a una serie de medidas, con el desempeño de 40 niños que participaron en el grupo control, el cual recibió tratamiento de menor intensidad. Nueve de los niños del grupo que recibió tratamiento "intensivo" pudieron ser reinsertados exitosamente, mientras que sólo uno de los niños del grupo control pudo serlo. Los resultados fuertemente positivos de este estudio realizado por Ivar Loovas y sus colegas en UCLA fueron tan sorprendentes, que los editores del Journal of Consulting and Clinical Psychology sometieron el informe a varias revisiones, hechas por tres editores respetables asociados , antes de lanzar su publicación. (Vol 65, No 1, 1987, páginas 3-9). Posteriormente se publicó un artículo de seguimiento en el American Journal of Mental Retardation (Vol 4, 1993), en el cual McEachin, Smith and Lovaas reportaron, el continuo y excelente progreso educativo y reinserción social exitosa de los niños pertenecientes al grupo de tratamiento "intensivo" durante los años de su adolescencia.
Se invitó a un número de profesionales altamente respetados a comentar sobre este informe reciente, y sus opiniones, casi uniformemente favorables, se publicaron en el mismo número de la revista.
Harris et. al., de Rutgers University, publicó resultados similares, altamente positivos, basados en un programa intensivo de intervención temprana, en el Journal of Autism and Developmental Disabilities (Vol 21, No. 3, 1991, páginas 261-290). Mientras que los estudios realizados por PCDI y UCLA utilizaron a niños autistas de bajo nivel de funcionalidad, el estudio de Rutgers trabajó con niños cuyo nivel de funcionalidad estaba leve o moderadamente afectada.
Evidencia Clínica: Desde la publicación del estudio de Loovas me he comunicado con numerosos padres en todos los EE.UU, quienes han realizado programas comportamentales de intervención temprana con sus propios niños.. Algunos han sido programas realizados en el hogar, y otros han sido realizados a través del sistema escolar. Me ha impresionado muy favorablemente el fuerte y consistente respaldo que estos padres les han dado a estos programas de intervención temprana. Recientemente una madre me llamó por teléfono para informarme que su hijo había mostrado más progreso en tres semanas durante las que recibió el programa intensivo "Loovas", que lo que ella había observado en tres años de su programa escolar regular, diseñado específicamente para ayudar a niños autistas. No es poco común el entusiamo manifestado por esta madre.
Ideas Erradas: Cuando comencé a escribir y a dictar conferencias sobre las modificaciones del comportamiento en 1965, prevalecían dos ideas equivocadas que desafortunadamente, aún hoy en dia persisten.
Algunos críticos de la intervención comportamental dicen que dicha intervención produce niños con comportamientos rígidos y robotizados, igual que las focas adiestradas. Esto no tiene ningún sentido. En su excelente libro Let me hear your Voice, la autora Catherine Maurice describe cómo sus dos niños, profundamente autistas, quienes fueron diagnosticados como tales por destacados neurólogos y psiquiatras en la ciudad de New York, se han recuperado en tal grado, que no hay razón para considerarlos otra cosa que normales y esto, en gran parte, como resultado de programas comportamentales de intervencón temprana, realizados en el hogar. Hablé recientemente con Ira Cohen Ph.D., y con Richard Perry, M.D., quienes conocen a los dos niños descritos en el libro de Catherine Maurice. Informan que no han visto ningún signo de autismo en estos niños, y de hecho han escrito un artículo al respecto, el cual se piensa publicar próximamente en el Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry.
La segunda noción equivocada es que la intervención del comportamiento comúnmente implica el uso de estímulos aversivos. ¡No es cierto! La intervención comportamental utiliza grandes cantidades de refuerzos positivos, e inclusive, estímulos levemente aversivos tales como un fuerte "no" rara vez requieren, si es que se requieren. (Anteriormente se utilizaban más estímulos aversivos).
La Recuperación del Autismo: ¿Por qué hay tánto escepticismo con respecto a los efectos de la intervención comportamental temprana? Sin duda algunos muestran escepticismo, y con razón, porque el autismo es conocido como un desorden biológico, podría parecer poco probable que el tratamiento del comportamiento pudiera ser tan efectivo. No se menosprecie la capacidad del cuerpo de lograr hazañas casi increíbles, dado un entrenamiento áltamente concentrado, intensivo y a largo plazo. Considérense las habilidades extraordinarias del gimnasta olímpico - y la intensidad del entrenamiento requerido. Las hazañas maravillosas del gimnasta se hacen posibles únicamente a través de un entrenamiento intensivo. La evidencia indica que es possible, para al menos algunos autistas, aprender cómo superar su incapacidad, si empiezan a edad temprana, y la práctica se realiza intensivamente y uno- a- uno, durante treinta horas a la semana.
Pero, ¿qué es lo que ellos deben practicar para superar el autismo? Yo respondí a esta pregunta en mi artículo de 1965, "Condicionamiento Operante: un giro en el tratamiento de los niños con enfermedades mentales" Nadie sabe por qué funciona el condicionameinto operante (ahora llamado modificación del comportamiento), ni por qué los cambios en el comportamiento se generalizan y se aplican a tantos comportamientos nuevos. Mi propia teoría es que el entrenamiento operante, además de enseñar comportamientos específicos, también enseña al niño cómo dirigir y fijar su atención. El conectarnos - aprender cómo fijar nuestra antención, y cómo decidir a qué prestar atención, se vuelve tan natural que lo damos por hecho. Pero no se puede aprender a menos que se preste atención…. Los niños [autistas], sugiero yo, deben aprender cómo concentrarse, cómo fijar y dirigir su atención. Sin una motivación específica inmediata - no una motivación a largo plazo, cómo lograr un grado universitario - sin un programa diseñado específicamente para permitirles avanzar con pasos cortos, muchos nunca aprenderán. Con un entrenamiento operante, el niño autista no sólo aprende, sino que también aprende cómo aprender.
Cuando escribí estas palabras, hace treinta años, yo mismo no sabía qué tan bien podrían aprender los niños autistas, aún los más severamente limitados, a desplegar su atención tan efectivamente, si las condiciones - modificación intensiva del comportamiento - requerían que ellos aprendieran a atender. En el mismo artículo ( basado en la charla que dí cuando fundé la Sociedad Americana de Autismo en 1965) también dije "La utilidad de poner éstos niños en una situación de clase estructurada y firme con otros niños - parecidos a sí mismos - retardados o normales - no puede ser enfatizada lo suficiente. Una vez que la atención y el comportamiento del niño están bajo control, la familia y los maestros pueden dedicarse al resto de su entrenamiento y socialización… Si los maestros y la familia del niño insisten en que el niño progrese y se desempeñe, y utilizan los principios descritos anteriormente, su progreso casi siempre será extraordinario.
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